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Cuando se les ofrezca a los trabajadores la oportunidad de tener buenos salarios, sin duda dejarán los planes

Cuando se les ofrezca a los trabajadores la oportunidad de tener buenos salarios, sin duda dejarán los planes

Abogado Laboral


Está convencido de que “el empleo es el factor más importante en la creación de la riqueza de las naciones” y afirma que para terminar con los planes sociales es necesario una la política económica que promueva el crecimiento y mejores salarios.

Las dificultades que imponen las regulaciones estatales tanto nacionales, provinciales como municipales, el peso tributario, la inflación, los juicios laborales, las razones de la mala imagen de los empresarios, son algunos de los temas abordados con Lew que, con casi 88 años, fue testigo del devenir industrial de décadas. A continuación, el diálogo con Ámbito:

Periodista ¿Por qué cree que los empresarios tienen una imagen tan negativa, asociada a las ansias de solo tener ganancias o que buscan hacer “negociados” o que “quieren pagar bajos salarios”? ¿En qué falló la dirigencia empresarial para tener esta imagen? Es más, aun ciertos sectores de la política piensan que “los industriales siempre se quejan”, que “venden productos caros porque no invierten”, “no pueden competir”, etc. ¿El sector empresario no supo trasmitir a la política sus problemas? Si es así, ¿por qué?

Enrique Lew: La imagen del empresario en la Argentina es muy variada y tiene diferente imagen según el sector que se encuesta. Así es que en la clase media y alta el empresario es notoriamente bien visto. Por otro lado, parte de ese mismo grupo social, los políticos y los altos funcionarios gubernamentales creen, por razones ideológicas, que el afán de ganancias del empresario es indecente, como si fuera que las pérdidas son virtuosas, desconociendo que donde no hay ganancias, sólo puede haber estancamiento, ya que el desarrollo se genera gracias a las utilidades que, sumadas, son el capital.

En el sector popular, que suma aproximadamente un 50% de la población, se encuentra por razones culturales muy influenciado por lo que ha escuchado en las iglesias de los más variados credos y hacen suya la conocida sentencia que “es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los Cielos”.

También el sector popular está influenciado por políticos que critican al empresario como el culpable de los males económicos que asolan a gran parte del sector. Es oportuno recordar la famosa y muy cantada marcha “Los muchachos peronistas”, que en una de sus estrofas dice: Por ese gran argentino, que se supo conquistara a la gran masa del pueblo, combatiendo al capital.

Asimismo, Ayn Rand, la autora de “La Rebelión de Atlas”, comentó: “La demonización del empresario, típica de la región latinoamericana, es lo que la volvió una región estancada, que en vez de admirar el éxito persigue el fracaso, que, en vez de celebrar la creación de riqueza, la castiga…”.

P.: Más allá de la situación económica actual y saliendo de la coyuntura, ¿cuál considera que es la dificultad principal que enfrentan los empresarios para mantener sus empresas?

E.L: Las complejas y abrumadoras regulaciones, leyes, decretos, disposiciones y reglamentos de los gobiernos, entes gubernamentales, las provincias y los municipios, que suman millares, crean para su cumplimiento la necesidad de contar con profesionales full time, que escapa a las posibilidades de muchas pymes -es decir, la gran mayoría de las empresas de nuestro país-.

Dentro de lo arriba mencionado, además de la endémica y alta inflación, se destaca como dificultad principal la Ley de Contrato del Trabajo y sus anexas, todas fuertemente penalizantes de los empleadores y que, como permiten reclamos salariales de dos años, dieron lugar a la mafia de los juicios laborales. La excepción a esto último es el Estatuto que protege a los Trabajadores de la Industria de la Construcción.

P.: ¿Me podría mencionar en orden de importancia, del 1 a 5, cuáles son las principales dificultades de los empresarios? A modo de ejemplo: carga tributaria, controles y regulaciones estatales, rígidas normas laborales, inseguridad jurídica, etc. o los factores que usted considere.

E.L: Primero, la legislación laboral penaliza fuertemente a los empleadores; excepto, como dije, la de los trabajadores de la industria de la construcción.

Segundo, la alta inflación y los elevados y complicados impuestos nacionales, provinciales y municipales.

Tercero, las complejas y excesivas regulaciones, normas y controles del gobierno nacional, de los provinciales, de los entes estatales, provinciales y municipales.

Cuarto, la industria del juicio de la mafia de los juicios laborales.

Y quinto las regulaciones que afectan al abastecimiento de materias primas del exterior.

P.: ¿La pandemia contribuirá a una mayor concentración de empresas?

E.L: La situación económica pre pandemia era ya muy difícil para las pymes, y se agravó, en parte por la pandemia, pero más por las equivocadas disposiciones gubernamentales que entre otras dispusieron el cese de la actividad de la mayoría de las empresas durante muchos meses.

Como la mayor parte de las empresas son pymes, muchas no pudieron continuar sin actividad, otras lo hicieron con muchos gastos entre los cuales se destacan los alquileres, impuestos, obligaciones financieras y el pago de sueldos del personal que por varios motivos no prestaba su trabajo.

Todo lo mencionado lógicamente produce una concentración en la oferta, que será observada cuando termine la pandemia y se normalice en alguna medida la demanda.

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Empleo

P.: Hace 10 años que el sector privado no genera empleo. Usted escribió un libro al respecto. ¿Brevemente en que consiste su propuesta?

E.L: El libro “Pleno Empleo” es consecuencia de mi investigación sobre qué hace la diferencia entre los países, que algunos sean desarrollados y prósperos y otros, la gran mayoría, subdesarrollados o como se los suele llamar “en desarrollo”, como es el caso de mi país, la Argentina.

En el libro considero que el empleo es el factor más importante en la creación de la riqueza de las naciones y que en nuestro país, éste se encuentra legislado atacando a quienes lo crean; razón por la cual, se genera escasa oferta de empleo con el consiguiente estancamiento de la economía del país.

Contrariamente, en los desarrollados, se protege mejor a los trabajadores con seguros de desempleo y no se ataca a los empleadores, por lo cual en esos países la oferta de empleo es abundante, con mínimo desempleo, y al trabajar la mayor parte de la población, se genera más riqueza. Esto permite el desarrollo económico, dando lugar a una sociedad mejor, tal como lo demuestran las estadísticas.

Concretamente mi propuesta es que se creen las condiciones para que los trabajadores perciban mejores salarios, para lo cual se debe dejar de atacar a quienes crean los empleos, ya que los salarios mejoran cuando hay gran oferta de empleo.

Para eso, se debe cambiar la anticuada legislación laboral (excepto la de los trabajadores de la construcción) por un buen seguro de desempleo, que ha demostrado exitosamente ser parte del crecimiento y desarrollo de las naciones. El seguro de desempleo protege mejor a los trabajadores y sus familias sin atacar a los empleadores, y esto permite la creación de nuevos emprendimientos que son los que crean los empleos.

P.: ¿Por qué piensa que los gobiernos no tienen como prioridad la creación de empleo?

E.L: Parecería que ignoran la importancia que tiene el empleo en la economía de las naciones. Seguramente desconocen la relación entre el empleo y el crecimiento. Así, cuando hay escasos emprendedores, se crean pocas empresas que se traduce en escasa oferta de empleo, mucha desocupación, sueldos bajos, más pobreza y estancamiento. Los gobernantes y los altos funcionarios, no solamente los de nuestro país, generalmente estudiaron economía en las facultades, pero desconocen la economía cotidiana. En Estados Unidos, el país más desarrollado del mundo, el índice de empleo es lo primero que mira el Gobierno para delinear las variables de su política económica

P.: ¿Cómo evalúa la actitud de los sindicatos ante la pandemia?

E.L: No se me ocurre qué podrían haber hecho los sindicatos en estas circunstancias. En cuanto al desempleo, recientemente la CGT se manifestó contrario a cualquier iniciativa de cambio para combatirlo mencionando que el cambio contraría las “conquistas sociales”, como si fuera que todo está bien, sin mención alguna al fuerte desempleo -el real, no el que informa el INDEC-, por la falta de oferta de trabajo.

P.: ¿Qué opinión le merece la prohibición de despedir y la doble indemnización?

E.L: Estas disposiciones concuerdan con las políticas anti empresariales que rigen en nuestro país -y en todos los países menos desarrollados-, por las cuales, desde hace más de 70 años, entre 200 países, Argentina es el que menos creció. No olvidemos que nuestro país hace 100 años era uno de los más ricos del mundo y su moneda era la mejor. Como resultado de estos decretos, nadie toma empleados, con lo cual se verifica que sólo en abril de 2020 se perdieran 180.000 puestos de trabajo y luego se perdieron 364.000 empleos. Hay más pobres y personas sin trabajar; al mismo tiempo en el país hay muchísimas cosas para hacer que no se hacen.

P.: Usted que conoció la pobreza de Europa y llegó a un país donde se podía progresar. ¿Por qué cree que desde hace décadas la pobreza en la Argentina continúa en ascenso y llega hoy a más del 40%?

E.L: La pobreza multidimensional seguramente ya supera el 50%, ya que según INDEC, en el primer semestre de 2020, era del 47%.

Creo que, de no cambiar los actuales lineamientos del país, seguirá aumentando. El Gobierno, los políticos y los economistas deben de una vez por todas entender que los países prosperan cuando hay un clima favorable para los negocios. Por lo cual, se deben cambiar las legislaciones que atacan a los emprendedores, los empleadores y sus emprendimientos permitiendo su crecimiento y el crecimiento de la oferta de empleo, fundamental para el crecimiento económico.

P.: ¿Es cierto que se ha perdido la cultura del trabajo? ¿A qué lo adjudica?

E.L: Los planes sociales actuales solucionan parcialmente la situación de indigencia y llegaron para quedarse.

Solamente desaparecerán cuando se produzca el cambio en las políticas que permitan el crecimiento, cuando esto ocurra y los sueldos sean muchísimo más elevados que los planes.

Las personas que ahora no trabajan no tienen otra que los planes, pero conociendo la mentalidad de las personas, cuando se les ofrezca la oportunidad de buenos salarios, salarios realmente buenos, sin duda dejarán los planes y volverá a crecer la cultura del trabajo y con ello también la de la educación.

También mejorará su situación y la de todos los que trabajen; los buenos salarios ayudarán al crecimiento del país. Las sociedades crecen de abajo hacia arriba, cuando los trabajadores están mejor, están mejor todos los componentes de la sociedad.

P.: ¿Cómo está la situación del sector textil?

E.L: El sector textil se encuentra afectado como toda la industria y el comercio del país, con una producción inferior a su capacidad en aproximadamente el 50 %. El encarecimiento de los fletes internacionales podría ser una oportunidad para la competitividad de la industria textil nacional, pero dada la situación, no se observa. La industria textil, como toda la industria del país necesita un cambio para poder crecer.

P.: ¿Cuáles son las amenazas y las oportunidades que tiene la industria textil argentina?

E.L: La industria textil ya estaba trabajando antes de la pandemia en un 50% de su capacidad, con una dotación de personal de la mitad de hace unos 20 años, con lo cual, si siguen las legislaciones que penalizan a los empleadores, y el país sigue estancado y con el 50% de la población pobre, la industria textil aprovechará muy poco la ventaja del encarecimiento de los fletes internacionales, especialmente, los de China.

P.: ¿Por qué razón los productos textiles manufacturados en la Argentina son tan caros?

E.L: El encarecimiento se debe a los elevados y acumulativos impuestos y el elevado costo de la distribución y comercialización, en especial en los productos con marca; esto es fácil de observar en los producidos informalmente, que pagan parcialmente impuestos, por lo que no son caros.

P.: Se sostiene que la industria textil argentina es cara e ineficiente porque culpa de las políticas proteccionistas. ¿Es así?

E.L: No creo que sea ineficiente; desde ya que sería sumamente más eficiente y competitiva si cambiaran las regulaciones y leyes, especialmente las actuales laborales, protegiendo a los trabajadores con los seguros de desempleo, que no penalizan tener empleados.

P.: ¿Qué opinión le merece la política económica del Gobierno?

E.L: No estoy calificado para opinar sobre la política económica del Gobierno, pero puedo observar que los resultados de esa política son desastrosos.

P.: ¿Está de acuerdo en descontar el salario al empleado que no quiere vacunarse contra el COVID como lo planteó la UIA?

E.L: No creo que sea una medida que pueda implementarse con la actual legislación. Creo que todas las personas deben vacunarse como parte del tejido social, más aún, que están demostrado sus beneficios.

P.: Usted empezó con un pequeño taller y llegó a tener 1.200 empleados. En las últimas décadas, por el contrario, el país asistió a la pérdida de empresas ¿Ya no es negocio tener una empresa en la Argentina? ¿Volvería a fundar su empresa? ¿Podría hacerlo?

E.L: Es muy difícil operar empresas en la Argentina. Muchas multinacionales comparan los resultados de sus filiales locales con las otras que tienen en otros países y, aun asumiendo importantes pérdidas, resuelven cesar; de hecho, muchas de ellas las trasladan a Brasil.

Son muchas las que decidieron irse; otras, siguen, esperando los cambios. Los empresarios pymes con una única empresa, haciendo lo imposible, seguimos trabajando.

La decisión de fundar una empresa es muy compleja, depende de muchísimos factores, y es muy difícil poder contestar esta pregunta. Lo que sí es seguro es que en el actual contexto, las empresas además de superar toda clase de problemas, no crecen como merecerían; salvo excepciones.


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